miércoles, 19 de octubre de 2016

No me toques los rosarios

Seamos o no creyentes, no podemos sino reconocer la influencia de la religión en cualquier cultura. La metafísica, la posición del hombre frente a las fuerzas incognoscibles que forman y deforman el universo conocido es un tema fascinante, si bien esafortunadamente no comprobable. De interrés para todos, puesto que hasta la negación o la duda de la existencia de un ser superior se considera un aposición en la materia. De todo esto, como es razonable, no tengo absolutamente ningún problema, ya que cualquiera es libre de creer lo que le dé la gana, siempre y cuando su creencia no suponga un obstáculo para el desarrollo en sí de la sociedad.

Es un asunto diferente cuando entra la religión en juego. Esta, definida como conjunto de creencias y reglas que regulan el culto a la divinidad, así como de normas morales, sociales y prácticas rituales, no se tarta sólo de una postura metafísica, sino que se basa en dogmas inamovibles excepto para los principales jerarcas religiosos. Aunque esto resultará eficaz en otros tiempos para dar un criterio moral a la sociedad y una excusa para estructurarse de manera ordenada, con un objetivo común, no hay que olvidar la cruzada destructora que acometieron las diversas autoridades religiosas contra todo precepto que contrariase el dogma.

La persecución de infieles y la instalación de dogmas por parte de religiones organizadas no es sino irónico, afirmando que las verdades promulgadas sobre la vida, el universo y todo lo demás no son traiciones a la ley divina y humana, excepto cuando promulgadas por los que poseen  un canal de comunicación ininterrumpido con el ser supremo y, mucho más importante, un puesto alto en la administración.

No contentos con dictar sentencia sobre un tema de dominio público, se dedican a decidir sobre lo que está bien o mal dentro de temas que no les incumben, lanzando alarido tras alarido contra el aborto (ASESINATO), la homosexualidad (PERVERSIÓN) o el sexo fuera del matrimonio (PERVERSIÓN). Prometer la condenación eterna a todo aquel que se salga de un rígido código moral puede que funcionara en otros tiempos, cuando la religión era la única autoridad disponible, pero actualmente es sólo un torpe intento de reafirmar el papel de la religión ,cuya en nuestra sociedad influencia se resiente cada día.

Las organizaciones son como las especies, o se adaptan o se extinguen. La elección es suya caballeros.


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