Hace unos cuantos días desde la fecha en la que escribo estas palabras, tuve el debate de todos los años sobre la fiesta nacional conocida como el Día de la Hispanidad con unos buenos amigos y conocidos míos. Estuvimos discutiendo si es correcto celebrar una fecha como es el inicio de la colonización del terrirtorio americano, teniendo en cuenta todas las connotaciones negativas que tiene este proceso dentro y fuera de Sudamérica.
Aunque lo que he leído y oído por aquí y allá me ha convencido que en comparación con otras colonizaciones, como la francesa e inglesa en África, está fue especialmente benigna. Aunque es cierto que se explotaron las materias primas en los terriotorios americanos y se estableció una administración que favorecía a los inmigrantes castellanos del otro lado del mar, los terriotorios eran considerados provincias de ultramar, partes integrales de España y tenían por lo tanto un mayor peso en la política del reino. Además, el impulso tecnológico percibido fue de una magnitud increíble, dado que Europa poseía inventos y artículos que América no, hecho que fue paliado por la aportación de numerosos productos americanos, como las judías blancas, una sensación aquí en Asturias.
Sin embargo, incluso los datos más objetivos no sirven de nada cuando se enfrentan a los deseos de la gente. Si fuera cierto que estamos ofendiendo gravemente a alguien, puede que entonces fuera prudente el elegir una fecha menos peliaguda para evitar dañar nuestras relaciones con esos países. Sin embargo, los movimientos indigenistas no son lo suficientemente grandes como para suponer un obstáculo para nuestras relaciones internacionales, por lo que podemos desestimar el argumento de lo políticamente correcto.
El otro argumento sería el ético, puesto que después de todo una colonización fue una colonización y por tanto no es algo que jamás se haya podido considerar como bueno y, por tanto, no digno de ser festejado. A este argumento contestaría explicando como muchas de las celebraciones de hoy en día tienen su origen en victorias militares, guerras y otros acontecimientos no admitibles en el mundo actual(quién no tiene por dónde vive al menos una estatua relacionada con la tradición militar, por lo que los festejos el 12 de octubre no nos sentenciaría a la Condenación Eterna o, si al final lo hace, tedremos abundante compañía, que nunca sobra.
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