Hace relativamente poco, tuve una interesante discusión con un buen amigo mío que aunque empezó con un tema como el aborto, una cosa llevó a la otra y al final acabamos hablando de los valores absolutos sobre el bien y el mal. Aunque no llegamos a ningún acuerdo, el intercambio dialéctico fue bastante interesante y me hizo reflexionar sobre un par de cosas que me gustaría compartir.
Entremos en contexto. Cuando argumentaba ante mi amigo sobre como las reglas que rigen la sociedad no eran más que rayas en la arena, meras líneas arbitrarias que evitan que acabemos sacándonos los ojos con el vecino por invadir su parcela. Los derechos y deberes, no son innatos sino total y absolutamente otorgados, concesiones que la sociedad en conjunto hace y deshace a su antojo. El derecho a la libertad de un individuo es revocado en caso de que cometa un crimen importante, por ejemplo.
Mi amigo en cambio, como buen creyente que es, opinaba que todos los valores eran absolutos, al provenir todos de un Bien Supremo que es Dios. Nosotros, pues, estamos sólo interpretando unos valores que el ya dispuso. Defendía su postura diciendo que si nuestros valores son absolutos al menos sabemos que lo que hacemos está bien. Si, como yo decía, no tenían más validez que el que les dábamos, entonces eso hacía peligrar al ser humano, ciego en la oscuridad y tropezando con los muebles en su borracho rumbo a lo largo de la historia.
Eso fue verdaderamente lo que me hizo reflexionar.¿Estaremos verdaderamente ciegos?¿Está acaso nuestro progreso desligado del bien, de la justicia , del amor y todos los demás valores que todo el mundo elogia? Sin pensarlo mucho, dije sí y eso me pareció correcto. Sí, no sabemos adónde vamos. Si, no sabemos si lo que hacemos hará más mal que bien. Sí, la vida no tiene ningún valor intrínseco. Pero,¿acaso importa?
Nos es imposible conocer las consecuencias que tendrán nuestras acciones, nunca podremos conocer por completo el tema más específico y nuestra vida no es más que una gota de agua en un inmenso océano. Sin embargo, no podemos olvidar que aunque una gota no hace un océano, sin esa gota ese océano estaría vacío. Que el mundo nos supere no significa que nos debamos dejar superar por el mundo y aunque rendirse ante una tarea imposible de completar podría considerarse como la actitud más racional, creo que ya se ha dejado claro que la vena racional del ser humano palidece bajo su escasez, sustituida por una gloriosa estupidez , falta de miras e implacable curiosidad, que le ha hecho plantearse preguntas nunca enunciadas, probar cosas nuevas y, en resumen, tropezar con la msima piedra tantas veces que acaba por identificar todos los estratos del suelo por orden alfabético.
Puede que no seamos particularmente sabios. Puede que no seamos particularmente precavidos. Puede que nuestra capacidad para racionalizar la más absurda barbaridad sea inmensa. Pero en cuanto se trata de correr en cuartos oscuros, de tropezar , de hacernos daño y seguir intentándolo, no hay cosa que nos supere.
No hay comentarios:
Publicar un comentario